junto al cuaderno sin obligarme a escribir. Extrañaba que supieras cuándo preguntar y cuándo no.
—También me mentiste.
—Sí.
—No lo olvides.
—No quiero que lo olvides. Quiero ganarme el derecho a que un día deje de pesar.
Eso sí me llegó.
Después de perder a Víctor aprendí que amar implica riesgos, pero también que uno no tiene que lanzarse al vacío solo porque alguien promete atraparlo.
—¿Cuánto tiempo piensas venir? —pregunté.
—El que tú permitas.
—¿Cada semana?
—Si quieres.
—¿Y si un día te digo que ya no?
Rodrigo