“Yo no me casé para terminar cuidando a un discapacitado” -xurixuri

una tormenta que destruyó su refugio y de los días en que caminó sin saber si avanzaba hacia un pueblo o más adentro.

—La tercera semana dejé de tener miedo —me dijo.

—¿Por valiente?

—Por cansado.

—Eso sí te lo creo.

—Después empecé a pensar que, si salía, no quería volver igual.

—Y volviste fingiendo que eras mudo.

—No dije que hubiera salido más inteligente.

Reí.

Esta vez de verdad.

Fue la primera vez que reí así con un hombre desde que Víctor murió. Y me asustó, precisamente porque me