“Yo no me casé para terminar cuidando a un discapacitado” -xurixuri

sentí viva.

Rodrigo siguió viniendo.

No todo fue romántico. Una vez mandó reparar mi techo sin preguntarme y le hice cancelar a los trabajadores.

—Ayudar no es decidir por mí.

No volvió a hacerlo.

Meses después fui a conocer su oficina.

Entendí por qué había tenido miedo de decirme quién era.

No porque el dinero fuera malo, sino porque todo a su alrededor cambiaba cuando entraba a un lugar: los empleados medían cada palabra y todos parecían estar pendientes de él.

Yo lo vi dando órdenes durante una reunión y