“Yo no me casé para terminar cuidando a un discapacitado” -xurixuri

me sorprendió que fuera el mismo hombre que había lavado una olla en mi cocina sin saber dónde guardarla.

También conocí a Arturo trabajando.

Dejó de caerme tan bien durante exactamente cuatro horas.

Beatriz se rio cuando se lo conté.

Pasaron ocho meses. Rodrigo dejó de preguntar por el anillo. Eso fue lo que finalmente me hizo pensar en él.

Una tarde, mientras preparábamos café, abrí el cajón donde seguía guardando el cuaderno.

—¿Todavía tienes la caja?

Se quedó quieto.

—Sí.

—¿Aquí?

—No. Aprendí algo sobre no presionar.

—Qué avance.

—