“Yo no me casé para terminar cuidando a un discapacitado” -xurixuri

meses perdido. Había salido a pescar con amigos, una crecida volcó la lancha y la corriente lo arrastró. Desde entonces sobrevivía caminando entre barrancas, siguiendo arroyos y comiendo lo que encontraba.

Entonces tomó el lápiz y escribió:

“¿No tienes miedo de mí?”

Escribí debajo:

“No.”

“¿Por qué?”

Pensé un momento.

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“Porque la gente peligrosa no suele pedir permiso con la mirada.”

Él leyó y, por primera vez, sonrió apenas.

El quinto día quiso ayudarme a mover costales de alimento para las gallinas. Le ordené que regresara a la casa.