como adultos. Firmamos un acuerdo provisional: calendario de visitas, aportación mensual, reparto de gastos médicos y una regla simple: todo se comunica con anticipación y por escrito. Diego aceptó también algo que le dolió: que yo decidiría quién entra y quién no en la vida diaria del bebé.
Al salir, lo vi llamar a varios proveedores para cancelar la boda. No discutió; solo repetía “perdón” y “asumo la penalización”. Esa fue la primera vez que lo vi asumir consecuencias sin buscar culpables.
Esa tarde, Camila me escribió un mensaje breve: “