no quería que se enterara así.
—El tiempo lo tuviste durante ocho meses —le respondí—. Lo que necesito yo es claridad: ¿vas a ser padre o solo apareces cuando te conviene?
El ruido de pasos en el pasillo nos interrumpió. La enfermera asomó la cabeza.
—Hay una mujer preguntando por usted. Dice que se llama Camila.
Sentí cómo el aire se volvía pesado. Si Camila cruzaba esa puerta, nada volvería a ser igual.
Decidí tomar el control.
—Dígale que espere en la sala de visitas. Yo bajo en diez