minutos.
Diego me miró, incrédulo.
—¿Vas a hablar con ella?
—Voy a evitar que grite aquí —dije—. Y voy a decir la verdad.
Me puse la bata encima del pijama y le pedí a la enfermera que vigilara a Emiliano. En la sala, Camila estaba de pie con el celular en la mano y los ojos hinchados. Al verme, fue directa:
—¿Eres Valeria? Dime si ese bebé… es de Diego.
—Sí —contesté—. Se llama Emiliano. Nació hoy. Diego es el padre.
Camila tragó saliva y giró hacia él.
—Me dijiste