que no había nada pendiente —le reclamó—. Me dijiste que tu pasado estaba cerrado.
Diego intentó acercarse, pero levanté la mano.
—Déjala hablar. Esto lo provocaste tú.
Camila volvió a mí, tensa.
—¿Y tú qué quieres? ¿Dinero? ¿Arruinar mi boda?
Se me escapó un suspiro cansado.
—Quiero tranquilidad y responsabilidad. Mientras ustedes elegían flores, yo estaba pariendo. Si se casan o no, no es mi guerra. Mi guerra es que Emiliano tenga un padre presente y un acuerdo claro, con fechas y obligaciones.
El silencio pesó. Camila bajó la mirada;