por un segundo pareció más triste que enojada.
—Yo no sabía nada —susurró—. Nadie me lo contó.
—Lo sé —dije—. Y no merecías enterarte por una foto.
Diego murmuró:
—Tuve miedo. Pensé que me dejarías.
—Y por mentir me estás dejando igual —respondió ella, seca—. Ahora mismo no sé si quiero casarme.
Me senté despacio, sintiendo el agotamiento.
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—Hagan lo que quieran con su relación —concluí—. Pero hoy mismo vamos a fijar cómo será la paternidad: visitas, pensión y cero apariciones de última hora. Si