recibos y anotaciones fueron examinados uno a uno. Los abogados revisaban cada detalle, el juez leía con atención medida y Chema, con las manos temblorosas, sentía que cada latido era una eternidad.
Entonces apareció la prueba definitiva: una fotografía revelaba a la persona que realmente había cometido el robo. En una esquina del sobre, además, se distinguía una huella dactilar que apuntaba a alguien de quien Chema jamás habría sospechado. La verdad, largamente escondida, salía por fin a la luz frente a todos.Cursos de biología
El juez, tras examinar