por las tormentas evitadas, sino por las que se logran atravesar sin perder lo esencial.
La calma después de la tormenta
Al atardecer, mientras el sol se ocultaba sobre Ecatepec, Chema observaba a las niñas jugar en el patio. Sus risas eran suaves, imperfectas, pero constantes. Respiró hondo y entró a la casa dejando atrás el miedo. Delante de él quedaba una vida modesta, sí, pero guiada por la confianza, la verdad y la fuerza silenciosa de una familia que había resistido lo imposible.
La historia de Chema recorrió México