vuelta.
—No tenías que venir tú mismo.
—Sí tenía.
—Gene, pagaste por ese heno. Es justo…
—Karen. —Se quitó la gorra y la aplastó con las dos manos—. Voy a decir algo, y quiero que me dejes terminar. Le pagué a tu cuñado ocho dólares por paca por heno que valía setenta. Lo sabía. Lo supe en el momento en que dijo el precio. Y me dije: “Bueno, la viuda necesita efectivo, y Dwayne es familia, y quién soy yo para preguntar”. —Miró la gorra—. Eso me dije. Lo que