tras guardar los pasaportes para nuestra luna de miel en Bora Bora.
Al mover las carpetas de cuero, encontré un legajo de documentos sellados bajo la etiqueta «Fideicomiso Patrimonial Alcázar-Vance».
Empecé a hojear las hojas con el pulso tembloroso:
No era solo el acuerdo prenupcial que él me había hecho firmar apresuradamente tres días antes entre abogados y prisas. Había dos actas de nacimiento apostilladas en Zúrich donde constaba que Valentina era en realidad su pareja sentimental desde hacía seis años; una cláusula secreta del testamento de su abuelo paterno