Brenda estaba descalza en el pasillo.
No parecía sorprendida.
Eso fue lo que más me asustó.
—¿Qué haces despierto? —preguntó.
Me incorporé lentamente.
—Escuché un ruido.
Sus ojos bajaron hacia el suelo de la cocinakara.
Solo un segundo.
Pero lo vi.
—Esta casa es vieja —respondió—. Siempre hace ruidos.
—Parecían golpes.
—Probablemente las tuberías.
Sonreí.
—Tres golpes perfectamente separados.
Brenda cruzó los brazos.
—Estás cansado.
Entonces volvió a escucharse.
Golpe.
Los dos miramos hacia abajo.
Golpe.
Brenda palideció.
Golpe.
Ya no podía decir que eran tuberías.
Caminé hacia la puerta