llevaba casi seis meses sin llamar. “Mamá”. Contestó al segundo tono. —¿Bueno, Mariana? —Mamá… ¿puedo llevar a Sofía a casa para Año Nuevo? Esperaba reproches. Un “te lo dijimos”. Pero sólo respondió: —Claro, hija. Aquí siempre hay lugar para ustedes dos. Lloré como no había llorado en meses. Esa noche empaqué ropa de Sofía, documentos, biberones y mis vitaminas. Le escribí a Diego: “Mañana me voy unos días con mis papás”. Casi una hora después respondió: “Haz lo que quieras. Nada más no me molestes en estos días.” A la
Dos meses después de tener a nuestra hija, mi esposo se marchó con sus padres y me dejó sin dinero, con pañales contados y una caja de fideos. “Arréglate con esto hasta que regrese”, soltó. Yo no hice una escena; tomé a la bebé y volví con mis padres. Él pensó que bastaría con regresar y pedir perdón… hasta que su madre confesó por qué llevaba meses obligándome a ahorrar cada peso.