una promoción de pañales tenía que justificarla.
Yo me decía que era estrés y que después del parto estaba demasiado sensible. También callaba por orgullo. Mis padres me habían pedido que pensara bien antes de casarme. Yo contesté: “Es mi vida”. Después casi no los visité, porque quería demostrar que mi elección había sido correcta.
Pero aquella noche ya no pude seguir mintiéndome.
—¿Todavía nos quieres? —pregunté.
Diego frunció el ceño.
—Otra vez con tus dramas.
Y se fue.
Sofía comenzó a llorar. La cargué y miré la mesa: sopa