dos.
Lloré como no había llorado en meses.
Esa noche empaqué ropa de Sofía, documentos, biberones y mis vitaminas. Le escribí a Diego: “Mañana me voy unos días con mis papás”.
Casi una hora después respondió:
“Haz lo que quieras. Nada más no me molestes en estos días.”
A la mañana siguiente cerré el departamento y dejé los vasos de sopa exactamente donde él los había puesto.
Todavía no sabía que Diego aparecería muy pronto en casa de mis padres… y que lo que ocurriría después sería mucho más difícil