LA CARPETA QUE MI ESPOSO ESCONDIÓ BAJO LLAVE: LA VERDAD QUE CASI LE CUESTA LA VIDA A MI BEBÉ

También sabía que algunos documentos no eran correctos.

Sentí que el estómago se me cerraba.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace meses.

—¿Y aun así te quedaste mirando?

Mariana comenzó a llorar.

—Me decía que tú habías aceptado todo. Que después te arrepentías de las cosas y lo acusabas injustamente. Mi madre repetía lo mismo. Yo quería creerles porque era más fácil que aceptar lo que estaba pasando.

—¿Más fácil para quién?

Ella bajó la cabeza.

—Para mí.

Aquella respuesta fue más honesta que cualquier disculpa.

Mariana me explicó que Teresa había