arrepentimiento de otra persona no borra automáticamente lo que hizo. Y una disculpa no obliga a quien sufrió a restablecer una relación.
Doblé el papel y lo guardé en un cajón.
Quizá algún día tendría fuerzas para pensar en él sin sentir dolor.
Quizá no.
Ambas posibilidades estaban bien.
Mateo comenzó a llorar, así que lo levanté y lo acuné.
—Tú no tienes que cargar con los errores de los adultos —le susurré—. Ni con los míos, ni con los de tu padre, ni con los de tu abuela.
Él