abrió los ojos por un instante y volvió a cerrarlos.
Lo abracé un poco más fuerte.
Yo no podía cambiar lo que había sucedido.
Pero podía decidir qué iba a permitir a partir de entonces.
Capítulo 12. El jardín que volvió a florecer
Dos años después de aquella mañana, regresé al patio.
Ya no vivía en la misma casa con Javier. Con ayuda de mi familia y asesoramiento legal, había encontrado un lugar tranquilo donde criar a Mateo. La situación de la vivienda original y los bienes heredados se