desconocido.
«Deja de investigar. Si quieres volver a ver a tu esposo con vida, ven a Cancún y trae la llave».
Lo leí dos veces.
Después llegó una segunda notificación.
Una fotografía.
Ricardo estaba sentado en una habitación de hotel, con las manos apoyadas sobre una mesa.
Detrás de él había una ventana desde la que se veía el mar.
Junto a su rostro, alguien sostenía una hoja de papel.
En ella aparecía mi nombre completo.
Y debajo, una frase escrita en letras mayúsculas:
ELLA ES LA SIGUIENTE.
Laura llamó