sucede, la persona que debe recibir estos documentos es Mariana. No Ricardo. Nunca Ricardo.
Hubo una pausa.
Una segunda voz habló.
La reconocí inmediatamente.
Era Laura.
Mi abogada.
—Ernesto, si se lo entregas ahora, la pondrás en peligro.
Mi corazón comenzó a latir descontroladamente.
Mi padre respondió:
—Ya está en peligro. Lo único que puedo hacer es darle la oportunidad de conocer la verdad.
Entonces se escuchó una tercera voz.
Una voz masculina que pronunció una frase que jamás olvidaré.
—Si Mariana llega a descubrir quién es realmente su esposo,