estás?
—No tengo mucho tiempo. Tienes que escucharme.
¿Por qué robaste la carpeta de mi padre?
—Porque Mauricio me obligó.
Solté una risa incrédula.
—¿Ahora resulta que tú eres la víctima?
—No entiendes. Valeria no te ha contado todo. Ella tampoco sabe por qué su padre necesita esos documentos.
—¿Qué contienen?
Ricardo respiró agitadamente.
—Una prueba de que la empresa no era lo único que tu padre dejó a tu nombre.
Me quedé paralizada.
—¿Qué más dejó?
Escuché un golpe al otro lado de la línea.
Ricardo bajó la voz.