—Mariana, tu padre tenía otra familia.
Sentí que el teléfono se me resbalaba de la mano.
—¿Qué acabas de decir?
—Una hija. Antes de conocerte a tu madre. Una hija que sigue viva y que lleva años intentando recuperar lo que le pertenece.
No podía pronunciar palabra.
—Y Mauricio Ferrer sabe dónde está —continuó Ricardo—. La carpeta negra contiene su nombre.
—¿Quién es ella?
Ricardo empezó a decir algo, pero la comunicación se llenó de interferencias.
—Mariana, no confíes en…
La llamada se cortó.
Volví a marcar inmediatamente.
El teléfono