y medicinas. No había pedido ayuda porque temía que se llevaran a los animales a refugios saturados, donde los viejos y enfermos difícilmente encontrarían un hogar.
La respuesta de la comunidad
La noticia se difundió rápido. Para sorpresa de muchos, la ciudad no reaccionó con enojo, sino con solidaridad. Ovidiu, el carnicero, fue el primero en ofrecerse a donar carne cada semana. Un veterinario aceptó atender a los animales sin cobrar. Voluntarios llegaron para limpiar el galpón y construir refugios más seguros.
El municipio, junto con una asociación de protección