mismos pasillos de la vida, y muchas veces cargamos más peso del que podemos sostener.
A veces, basta con un solo extraño dispuesto a tierna la mano para cambiar por completo el rumbo de un día. Y en ocasiones, ese gesto aparentemente pequeño se transforma en un recuerdo que ambos —quien da y quien recibe— atesoran para siempre.
Guardo aquel dibujo como uno de mis bienes más preciados. No porque sea una obra de arte, sino porque me recuerda diariamente que la verdadera riqueza no se mide en lo que