La niña, en algún momento durante nuestro breve encuentro, lo había deslizado discretamente sin que yo lo notara.
Al desdoblarlo, encontré un dibujo hecho con trazos temblorosos: un pastel de cumpleaños sencillo, dibujado con la honestidad propia de la infancia. Debajo, dos palabras escritas con letra infantil: «Gracias.»
Una lección que perdura
Esa pequeña nota, humilde y conmovedora, terminó valiendo más que cualquier otra cosa que llevara en mis bolsas de compras esa tarde. Se convirtió en un recordatorio permanente de algo que todos deberíamos llevar presente: caminamos por los