Roberto tenía mi edad.
Siempre había sido fuerte.
Trabajaba muchas horas.
Jugábamos al fútbol los domingos.
Nunca lo había visto enfermo.
—¿De qué estás hablando? —pregunté.
Mi amigo bajó la mirada.
—Encontraron un tumor. Me operaron hace unas semanas. Ahora estoy haciendo tratamiento.
Sentí que el enojo comenzaba a mezclarse con una angustia diferente.
—¿Y por qué no me dijiste nada?
Roberto sonrió con tristeza.
—Porque te conozco.
No comprendí.
—¿Qué tiene que ver eso?
—Porque cuando alguien que quieres tiene un problema, dejas todo para ayudarlo. Y no quería