de enfermedades graves, tratamientos médicos ni preocupaciones de adultos.
Solamente había visto al tío Roberto descansando en nuestra cama.
Y había hecho una pregunta.
Una pregunta sencilla.
Sin malicia.
Sin imaginar que cambiaría tantas cosas.
El día que Roberto volvió a nuestra casa
Hace unas semanas, Roberto vino a visitarnos.
Se encontraba mejor y había recuperado parte de sus fuerzas.
Valentina corrió a abrazarlo.
Después lo tomó de la mano y lo llevó hasta el dormitorio.
—Tío Roberto, ven.
Mi amigo me miró confundido.
La seguimos.
Valentina señaló nuestra cama.