nuestra vivienda para emergencias.
Después de escuchar a Valentina, todos esos detalles comenzaron a parecerme sospechosos.
—Cariño —le pregunté suavemente—, ¿cuándo viste al tío Roberto en nuestra cama?
—El otro día. Y también ayer.
—¿Estaba mamá con él?
Mi hija hizo una pausa.
—Mamá estaba ahí, pero después se fue a la cocina.
Aquella respuesta me confundió.
—¿Y qué hacía el tío Roberto?
—Dormía. Mamá dijo que estaba muy cansado.
Respiré profundamente.
No quería seguir interrogándola.
Era demasiado pequeña para comprender lo que sus palabras habían provocado.
La abracé y