le dije que no había hecho nada malo.
Pero cuando Mariana regresó del supermercado, apenas pude mirarla a los ojos.
Durante tres días fingí que todo estaba bien
Esa noche cenamos juntos.
Mariana preparó pollo al horno.
Valentina contó lo que había hecho en el jardín de infancia.
Yo sonreía cuando correspondía.
Preguntaba cosas.
Respondía.
Pero por dentro sentía que mi vida se estaba desmoronando.
Observaba a mi esposa mientras servía la comida.
Intentaba encontrar algún gesto extraño.
Una mirada de culpa.
Una explicación que se le escapara.
Algo.
Sin