Mi hija de 5 años me preguntó: «Papá, ¿por qué el tío Roberto duerme en tu cama cuando no estás?». Tres días después regresé temprano y descubrí algo que jamás habría imaginado

embargo, se comportaba como siempre.

Después de acostar a nuestra hija, se sentó junto a mí en el sofá.

—Te noto preocupado —dijo.

—Estoy cansado.

—¿Pasó algo en el trabajo?

Negué con la cabeza.

Ella apoyó su mano sobre la mía.

Y ese gesto, que durante años me había dado tranquilidad, aquella noche me resultó insoportable.

Quise preguntarle directamente si estaba teniendo una relación con Roberto.

Pero tenía miedo de escuchar la respuesta.

También temía estar interpretando mal las palabras de una niña de cinco años.

Así que decidí esperar.