Durante los siguientes tres días actué con normalidad.
Por fuera, al menos.
Porque cada vez que salía de casa, imaginaba a Roberto entrando por la puerta.
Y cada vez que Mariana recibía una llamada, me preguntaba quién estaría al otro lado.
El jueves encontré algo que aumentó mis sospechas
Aquella noche llegué más temprano de lo habitual.
Mariana estaba preparando la cena.
Valentina jugaba en su habitación.
Subí al dormitorio para cambiarme.
Al abrir el armario, vi una camiseta gris que no reconocí.
Era grande.
Tenía una pequeña mancha de