que cualquier posible evidencia sea preservada correctamente.
En ese momento mi teléfono volvió a vibrar.
Mauricio: «Voy para el hospital. No hables con nadie hasta que llegue».
Sentí que el estómago se me encogía.
Un segundo mensaje apareció inmediatamente.
«Recuerda quién paga todo. No hagas algo de lo que puedas arrepentirte».
Se lo mostré a Patricia.
Ella me pidió conservarlos y avisó al personal de seguridad.
Veinte minutos después, Mauricio apareció en recepción.
Lo vi a través del cristal del pasillo.
Llevaba una camisa azul perfectamente planchada.
Tenía el cabello