peinado y una expresión de preocupación que, años atrás, me habría parecido sincera.

—¡Soy el padre de la niña! —exclamó—. ¡Tengo derecho a verla!

Una enfermera intentó tranquilizarlo.

Mauricio levantó la voz.

—¡Mi esposa está exagerando! ¡Siempre hace lo mismo!

Me quedé inmóvil.

Era la frase que había utilizado durante años para desacreditarme.

Cuando me quejaba de sus gritos.

Cuando preguntaba por nuestro dinero.

Cuando intentaba visitar a mi madre.

Lucía exagera.

Lucía se confunde.

Lucía no sabe manejar las cosas.

Pero aquella noche había testigos.

Y ya no podía