obligarme a callar.

Patricia se acercó.

—No tiene que salir a hablar con él.

Respiré profundamente.

—No quiero que se acerque a Valeria.

—Lo comunicaremos al equipo correspondiente.

Mauricio continuó discutiendo durante varios minutos.

Finalmente se marchó después de que le informaran de las restricciones temporales de acceso mientras se evaluaba la situación.

Antes de irse, me envió otro mensaje.

«Estás destruyendo nuestra familia».

Miré aquellas palabras.

Y por primera vez no sentí culpa.

Sentí rabia.

Porque nuestra familia no estaba siendo destruida por una visita al hospital.

Estaba siendo