Al volver del funeral vi cómo mi yerno tiraba las cosas de mi hija sin derramar una sola lágrima. Salvé únicamente su chamarra naranja y le dije: “No necesito nada más”. Él y su madre intercambiaron una mirada extraña. Esa madrugada encontré en el bolsillo una nota secreta, y la última frase me hizo entender que mi hija había previsto que algo podía pasarle.

cerca.

Teresa respiró profundamente y abrió.

Lo que ocurriera durante los siguientes minutos decidiría si Camila obtenía justicia… o si sus asesinos conseguían enterrarla por segunda vez.

PARTE 3

—Galita, no queremos molestarte —dijo Beatriz apenas entró—. Sólo necesitamos resolver algunos asuntos de Camila para que todos podamos empezar a cerrar esta etapa.

Teresa odiaba que la llamara “Galita”.

Camila jamás la había llamado así.

Pero no respondió.

Mauricio dejó su chamarra en el perchero y entró con la carpeta bajo el brazo.

Teresa llevaba puesta la vieja chamarra naranja