Al volver del funeral vi cómo mi yerno tiraba las cosas de mi hija sin derramar una sola lágrima. Salvé únicamente su chamarra naranja y le dije: “No necesito nada más”. Él y su madre intercambiaron una mirada extraña. Esa madrugada encontré en el bolsillo una nota secreta, y la última frase me hizo entender que mi hija había previsto que algo podía pasarle.

—Entonces tenemos poco tiempo —respondió él—. Encontré al médico. Está asustado. Si acepta declarar, podremos pedir nuevas diligencias sobre la muerte de Camila.

—¿Cuánto necesita?

—Un día.

Esa noche Teresa no durmió.

A las diez de la mañana siguiente sonó el timbre.

Miró por la mirilla.

Mauricio y Beatriz estaban afuera.

Mauricio llevaba una carpeta de documentos.

Teresa entendió inmediatamente.

No habían ido a consolarla.

Habían ido a hacerla firmar algo.

Y antes de abrir la puerta recibió un mensaje de Ernesto:

El médico habló. No firmes absolutamente nada. Estoy