Al volver del funeral vi cómo mi yerno tiraba las cosas de mi hija sin derramar una sola lágrima. Salvé únicamente su chamarra naranja y le dije: “No necesito nada más”. Él y su madre intercambiaron una mirada extraña. Esa madrugada encontré en el bolsillo una nota secreta, y la última frase me hizo entender que mi hija había previsto que algo podía pasarle.

legalmente que una fiscalía investigara un delito, pero sí podía utilizarse para reforzar la versión de Mauricio ante la aseguradora y complicar futuras disputas familiares.

Teresa dejó los papeles.

—No voy a firmar hoy.

Beatriz sonrió.

—Teresa, no hagamos complicado algo sencillo.

—Quiero que alguien revise esto.

La sonrisa desapareció apenas un instante.

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—¿Quién?

—Un abogado.

Mauricio cruzó las manos.

—¿Para qué necesita un abogado?

La habitación quedó en silencio.

—Porque son documentos importantes.

—Claro —respondió él—. Pero existe