Al volver del funeral vi cómo mi yerno tiraba las cosas de mi hija sin derramar una sola lágrima. Salvé únicamente su chamarra naranja y le dije: “No necesito nada más”. Él y su madre intercambiaron una mirada extraña. Esa madrugada encontré en el bolsillo una nota secreta, y la última frase me hizo entender que mi hija había previsto que algo podía pasarle.

—¿Le crees?

Ernesto tardó varios segundos.

—Creo que sabía que estaba haciendo algo ilegal. Determinar cuánto sabía exactamente será trabajo de la investigación.

El abogado de Mauricio llegó poco después.

A partir de ese momento todo se volvió más lento.

Preguntas.

Documentos.

Llamadas.

Palabras jurídicas que Teresa apenas seguía.

Cuando finalmente Mauricio salió acompañado de su abogado, se detuvo frente a ella.

—¿Por qué está haciendo esto?

Teresa lo miró incrédula.

—Porque mi hija está muerta.

—Camila estaba enferma.

—Camila tenía una arritmia leve.

—Usted no sabe todo lo que