Ahora sí Beatriz giró el rostro hacia su hijo.
Mauricio apretó la mandíbula.
—No voy a declarar sin mi abogado.
—No tiene que hacerlo.
Teresa observaba desde la puerta.
No experimentaba satisfacción.
Ni siquiera alivio.
Sólo un cansancio inmenso.
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Ernesto se acercó.
—El doctor se llama Julián Fuentes —le explicó en voz baja—. Admitió que recibió dinero para emitir recetas con información falsa. Dice que Mauricio le aseguró que eran para un tratamiento privado.
—¿Sabía que querían matar a Camila?
—Dice que no.