Al volver del funeral vi cómo mi yerno tiraba las cosas de mi hija sin derramar una sola lágrima. Salvé únicamente su chamarra naranja y le dije: “No necesito nada más”. Él y su madre intercambiaron una mirada extraña. Esa madrugada encontré en el bolsillo una nota secreta, y la última frase me hizo entender que mi hija había previsto que algo podía pasarle.

Unos meses más tarde, Teresa regresó sola a la casa de Huitzilac.

Era primavera.

Los árboles estaban verdes y el aire olía a tierra mojada.

Abrió la puerta, caminó hasta la habitación del escondite y levantó nuevamente la tercera tabla.

La lata ya no estaba allí. Era parte del expediente y probablemente terminaría guardada durante años en algún archivo.

Pero Teresa se sentó en el mismo lugar.

Llevaba puesta la chamarra naranja.

Sacó del bolsillo una copia de la carta de Camila.

La original estaba protegida.

Ver más
embarazada
embarazo