Unirse a causas
La copia ya tenía las esquinas dobladas porque Teresa la llevaba consigo desde hacía meses.
Leyó en voz alta:
—“Mamá, si yo no alcanzo a hacerlo, tú sí. Yo creo en ti más de lo que tú crees en ti misma.”
Teresa sonrió mientras lloraba.
—Pues tenías razón, chamaca.
Miró hacia la ventana.
—Llegué tarde para salvarte… pero no llegué tarde para defenderte.
De regreso a Ciudad de México compró un pan dulce y preparó café en su departamento.
Después abrió el viejo álbum que Mauricio le