con tanta educación que, si alguien la leyera fuera de contexto, podría parecer una simple reflexión.
Pero los tres sabían qué significaba.
Teresa se levantó.
Caminó hacia la ventana.
Era la señal que había acordado con Ernesto.
Abajo, junto a la banqueta, había un automóvil gris.
Treinta segundos después llamaron a la puerta.
Mauricio se puso de pie.
—¿Espera a alguien?
—No.
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Teresa abrió.
Ernesto entró acompañado por dos funcionarios de investigación.
Uno de ellos mostró su identificación y explicó