Al volver del funeral vi cómo mi yerno tiraba las cosas de mi hija sin derramar una sola lágrima. Salvé únicamente su chamarra naranja y le dije: “No necesito nada más”. Él y su madre intercambiaron una mirada extraña. Esa madrugada encontré en el bolsillo una nota secreta, y la última frase me hizo entender que mi hija había previsto que algo podía pasarle.

habitación quedó en silencio.

—Porque son documentos importantes.

—Claro —respondió él—. Pero existe un plazo. Si comenzamos a meter abogados, declaraciones, reclamos… todo se vuelve innecesariamente desagradable.

Teresa lo miró.

Por primera vez desde la muerte de Camila vio cómo se caía una pequeña parte de aquella máscara perfecta.

No levantó la voz.

No la insultó.

Fue peor.

—Gali… el tiempo es una cosa que a veces se acaba antes de lo que uno espera.

Beatriz bajó lentamente la taza.

Teresa sintió un frío profundo.

La amenaza había sido pronunciada