respuesta.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos.
Me sentí utilizada.
Engañada.
Como si toda la noche hubiera sido una mentira.
Entonces escuché una voz detrás de mí.
—No.
Me giré.
Era él.
Se había quedado parado en el pasillo.
Tenía los ojos húmedos.
—No fue por eso.
—¿Entonces por qué?
Guardó silencio unos segundos.
—Porque cuando te vi por primera vez casi me da un infarto.
Miró la fotografía.
—Pensé que era ella.
—Exactamente.
—Lo sé.
—Y aun así me invitaste a salir.
Asintió lentamente.
—Porque después de