nota, sentía que me alejaba un poco más de ese mundo de aserrín y de manos ásperas.
El día de mi graduación
Estudié ingeniería civil en la capital. Trabajé duro, me desvelé, gané becas. Cuando por fin me gradué, Ramiro viajó seis horas en autobús para estar presente. Llevaba su único saco, un poco corto de mangas.
Después de la ceremonia, rodeada de compañeros con familias elegantes, me dio vergüenza que me abrazara. Y en ese impulso de orgullo mal entendido, le dije la frase que todavía me quema la