en la conversación. Siempre había sido así. Cuando una situación se volvía incómoda, encontraba algo que revisar en su teléfono.
Comenzamos a limpiar la habitación de mamá tres días después. Yo había evitado entrar desde su muerte. La cama seguía sin arreglar y sobre la mesa permanecía el vaso de agua que le preparé la última noche.
Mientras movía una caja de zapatos, escuché un ruido debajo de la cama. Me agaché y encontré una pequeña caja metálica asegurada con un candado. Reconocí el recipiente inmediatamente. Mamá guardaba allí botones,