comprendió que nuestra madre había vendido una parte de sus cosas para ayudarme. Durante unos segundos temí que se enfadara. En cambio, sacó los documentos del terreno y los colocó dentro de la caja.
—Mamá quería que fuera mío —dijo—, pero podemos venderlo y dividir una parte.
Negué con la cabeza.
—No. Ella tomó sus decisiones. Ahora entiendo por qué.
La herencia de mis hermanos dejó de parecerme una injusticia. Mamá no había repartido sus bienes según quién la cuidó más durante los últimos años. Había observado las necesidades, los